viernes, 22 de mayo de 2015

“¡El último que toque el palo se mete!”

Santy Menor reivindica el oficio de guardameta en ‘La soledad del portero’

—¡El último que toque el palo se mete! —solía gritar alguien que ya estaba corriendo hacia la portería. Empezaba una carrera de escasos metros para no ser el portero del equipo o de la limi. 


Para la gran mayoría, colocarse entre los tres palos (persianas, dos chaquetas o piedras…) era como quedarse sin postre: no podías marcar goles; te comías algún balonazo; y tenías todos los números para quedar rebozado de porquería y hacerte alguna herida, preferentemente en las rodillas.
“Ya me meto yo”, decía casi siempre Manolo. Tenía el don de la colocación, sabía anticiparse a tus movimientos y era más efectivo que espectacular. Sin duda, era el mejor portero del patio y no le iba nada mal en el equipo del colegio. “¡Molina!”, le gritaban algunos tras sus paradas. Antes había sido “¡Buyo!”, “¡Zubizarreta!” y “¡Cañizares!”. No recuerdo ningún “¡Ablanedo!” ni “¡Lopetegui!”.

La próxima vez que vea a Manolo le recomendaré La soledad del portero, del periodista deportivo Santy Menor. Es un homenaje a tantos Manolos, famosos o no, que han tenido y tienen la valentía de estar siempre expuestos a la pifia y a las mofas, y la entereza de ser poco reconocidos.   
Pocas veces ilustra una crónica la parada de un portero, por más decisiva que haya sido su intervención. Hace años que se ha puesto de moda retratarlo detrás de la portería, tanto cuando encaja el gol como cuando le están disparando. También hay quien apuesta por la imagen en la que se ve cómo le regatean antes del gol.
El portero es el jugador del equipo más desprotegido ante la grada. Mi amigo Jordi representa bien ese espíritu escéptico: “¿Que Bravo lo está haciendo bien? A mí no me gusta. En la Real fallaba mucho. Prefiero a Ter Stegen. “Además, ¿no te acuerdas de su fallo ante el Nápoles?”. Jordi me lo decía en marzo y el error de Bravo muy cómico, eso sí era de principios de agosto del año pasado. Tampoco cedía otro día: “¿Ha parado un penalti? ¡Es su trabajo! ¡Es su obligación!”. 
La soledad del portero puede servir para aficionados como Jordi sean más benévolos con los guardametas. El autor reparte diferentes historias de porteros contadas por sus protagonistas (César Láinez, César Sánchez, Santi Cañizares, Iván Cuéllar…) en función de sus virtudes (confianza, perseverancia, instinto...)
Pocos hay tan fieles como Sergio Aragoneses, capaz de acompañar de Primera a Segunda B al Tenerife, ni tan generosos como El Mono Burgos, que jugó lesionado un partido para proteger a un compañero al que no veía preparado. Pocas reacciones son tan opuestas como la alegría de Armando por debutar con el Athletic tres días después de irse de un Cádiz en Segunda y del que era tercer portero, y el desconsuelo del damnificado, Dani Aranzubía.
Algunos porteros también explican qué hicieron después de colgar los guantes y hay mucha letra pequeña de la profesión —de la de futbolista y tantas otras—: los impagos, el rechazo de clubs y entrenadores, cómo pueden afectar al jugador los problemas personales… También tienen su espacio porteros de fútbol sala y de balonmano, entrenadores de porteros y psicólogos, como Patricia Ramírez, que trabajó en el Betis.
Santy Menor tiene la habilidad de enlazar casi siempre con gracia unas historias con otras, aunque no consigue justificar el capítulo dedicado al periodista deportivo Àxel Torres. Que éste fuese guardameta de pequeño es un argumento mínimo para incluirlo en el libro. El homenaje, interesante y completo, parece más una cuestión personal, pues Torres fue una figura clave para que Santy Menor decidiese  dedicarse a la información deportiva.
El autor también tiene la valentía de explicar su experiencia. Al relato le sobran algunos pequeños o minúsculos detalles. La historia, muy autocrítica —“una mala noche, la climatología, si había algún espectador especial en la grada, fallar en la primera acción... Me iba de los encuentros fácilmente”—, refuerza los testimonios de los porteros que han ido saliendo anteriormente. Es la parada final de un proyecto ambicioso y multidisciplinar. Parece mentira que hasta no hace tanto el portero hiciesen los mismos ejercicios que el resto del equipo.  
Título: La soledad del portero. Autor: Santy Menor. Editorial: Éride Ediciones. Páginas: 264. Valoración: 3.9 sobre 5.